Preguntémosle
a Bill…
OMM.
Bill. y ¿cómo se escribieron los Doce Pasos de recuperación de AA, para el
Capítulo Quinto del Texto Básico?
Bill W.: “Mi estado
de ánimo en la noche en que se escribieron los Doce Pasos de Alcohólicos
Anónimos era muy poco espiritual. Me encontraba enfermo y cansado, reclinado en
mi cama en el número 182 de la Calle Clinton con un lápiz en la mano y un
legajo de papel borrador sobre la rodilla. No podía concentrarme en mi trabajo,
ni mucho menos poner en mi corazón en él. Pero me encontraba frente a una tarea
que tenía que hacerse, y poco a poco en mi mente se fue aclarando el enfoque
que iba a darle” (AA Llega a su M. E., ps. 165/166).
“A partir de la
visita que me hizo Ebby, en el otoño de 1934, habíamos desarrollado
gradualmente nuestro “programa verbal”; la mayor parte de las ideas básicas
provenían de los Grupos Oxford, de William James y del Dr. Silkworth. Aunque se
veían sometidas a considerables variaciones, podíamos resumirlas en un
procedimiento muy consistente que comprendía seis etapas:
1.
Admitíamos que estábamos
vencidos, que éramos impotentes ante el alcohol.
2.
Hicimos un inventario
moral de nuestros defectos o pecados.
3.
Confesamos o
compartimos nuestros defectos con otra persona, en forma confidencial.
4.
Hicimos restitución a
todas aquellas personas que habíamos perjudicado con nuestra bebida.
5.
Tratamos de ayudar a
otros alcohólicos, sin buscar recompensa en dinero o prestigio.
6.
Oreamos a Dios, en
que cada uno creía, pidiéndole la fuerza necesaria para practicar estos
preceptos.
Esto era en esencia
lo que, al final de 1938, le decíamos a los recién llegados. Varias de las
otras ideas y actitudes del Grupo Oxford habían sido rechazadas
definitivamente, incluyendo aquellas que
podrían envolvernos en controversias teológicas
***
“Aquella noche
particular, a medida, en mi mente, se abría paso a estas reflexiones. Me
pareció que el programa todavía no había sido bien delineado. Tendría que pasar
un largo tiempo antes que los lectores del libro en sitios y países lejanos
pudieran tener un contacto personal con nosotros. Por consiguiente nuestra literatura debería
ser tan clara y extensiva como fuera posible. Nuestros pasos tenían que ser más
explícitos. No podíamos dejar brechas por donde pudieran fugarse los
alcohólicos de mente racionalizadora. Probablemente nuestras seis porciones de
verdad deberían dividirse en trozos más pequeños. En esta forma podríamos
hacerlas más accesibles al lector lejano y al mismo tiempo estaríamos en mejores
condiciones para ampliar y profundizar las implicaciones espirituales de toda
nuestra presentación. Hasta donde puedo recordar, esto era todo lo que yo tenía
en mente cuando empecé a escribir.
“Finalmente me
dispuse a la tarea de redacta más de seis etapas o pasos; cuántos más, no
sabía. Tome aliento y pedí la ayuda divina. Con una velocidad sorprendente,
teniendo en cuenta mis alteradas emociones, completé el primer borrador. Esto
me tomó media hora aproximadamente. Las palabras me fluían fácilmente. Cuando
llegué al punto final, numeré los pasos resultantes. Sumaban doce. En alguna forma,
tal número me pareció significativo: sin tener motivo ni razones especiales,
los relacioné con los doce apóstoles. Sintiéndome entonces sumamente aliviado, comencé
a repasar el escrito.” (AA Llega a su mayoría de
edad. ps. 166 o 169, según la edición)
óskareme
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